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Paco Devotion, Bego Martín y Mëstiza en la Plaza Mayor: la noche en que la plaza fue una pista de baile

El miércoles 9 de septiembre la Plaza Mayor de Valladolid cambió las bandas por las cabinas: Paco Devotion desde las 20:00, Bego Martín a las 21:30 y Mëstiza, el dúo que lleva el flamenco a las pistas de medio mundo, a las 22:30. Quiénes son, de dónde vienen y qué tiene de distinto fotografiar una noche de DJ.

IFecha
9 de septiembre de 2026
IISección
Eventos
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15
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7 min
Las dos DJs de Mëstiza, con sombrero de ala ancha, tras dos grandes abanicos abiertos iluminados de rojo

El miércoles 9 de septiembre la Plaza Mayor cambió de registro. Después de cinco noches de conciertos, el escenario grande de las Ferias y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo fue por entero de las cabinas: Paco Devotion desde las 20:00, Bego Martín a las 21:30 y Mëstiza a las 22:30. Gratuito, como todo el cartel de la plaza. Estuvimos allí, acreditados por la Concejalía de Turismo, Eventos y Marca Ciudad del Ayuntamiento de Valladolid.

Las dos DJs de Mëstiza, con sombrero de ala ancha y gafas de sol, ante una pantalla de franjas blancas
Mëstiza en la cabina de la Plaza Mayor: sombrero de ala ancha, gafas de sol y columnas de luz blanca sobre la pantalla.

Un dato para quien guarde el cartel de mayo: cuando el Ayuntamiento anunció a Mëstiza, el 21 de mayo, la fecha era el jueves 10. El programa definitivo la movió al miércoles 9 y dejó el jueves para Ronnie Wood e Imelda May. Y a las 22:15, un cuarto de hora antes de que Mëstiza saliera a la cabina, los fuegos artificiales de Pirotecnia Xaraiva se lanzaban desde el Caño Hondo, al otro lado de la ciudad.

Bego Martín, iluminada de rojo, ajusta un mando de la mesa con el pelo suelto al viento
Bego Martín, en rojo. Casi toda su sesión fue de este color.

Mëstiza: dos amigas, una zeta y el flamenco en la pista

Detrás de Mëstiza están Pitty Bernad, de Albacete, y Belah, nacida en Málaga y afincada en Madrid desde hace más de una década. Se conocieron en la escena madrileña hace más de diez años, cuando eran de las pocas mujeres que pinchaban en la ciudad, y durante un tiempo se vieron más como competencia que como socias. El proyecto común nació en 2021, después de coincidir en México, cada una en su propio viaje, y llegar a la misma conclusión: la electrónica que sonaba en Tulum se apoyaba en las raíces del lugar, y ellas tenían las suyas.

Las dos DJs de Mëstiza en la cabina, una con la mano en alto, ante trazos blancos en la pantalla
Sombrero cordobés, gafas de sol y una pantalla de trazos blancos: la puesta en escena de Mëstiza, tal cual llegó a la Plaza Mayor.

Mëstiza significa mezcla, que es lo que caracteriza al flamenco.

Pitty Bernad y Belah, en Neo2, mayo de 2022

La zeta, cuentan ellas, está pensada para fuera: una letra rara en otros idiomas y, por eso, exótica. Lo que hacen es house y techno melódico con guitarra, palmas, cajón y castañuelas encima. Su fiesta se llama Sacro y nació en Madrid como una cita mensual con bailaoras en el escenario y DJ invitados; hoy es también el sello, Sacro Music, con el que publican.

Las dos integrantes de Mëstiza manipulan a la vez los controles de la mesa de mezclas
Cuatro manos sobre la mesa de mezclas.

Su primer disco, Quëreles, salió en diciembre de 2023. La nota del Ayuntamiento dice que «alcanzó el número uno en ventas en España durante su primera semana», y es verdad con un matiz que conviene escribir: fue el número uno de la lista oficial de vinilos de PROMUSICAE, en febrero de 2024, la semana en que el disco entró también en la lista general de álbumes, en el puesto 65. Aguantó seis semanas seguidas entre los cien vinilos más vendidos. Un número uno de vinilos no es un número uno de álbumes, y el dato exacto es más interesante que el cómodo: un disco de dos DJ que la gente compra en vinilo.

Público en la valla con los móviles en alto, bajo luz roja y con la fachada de la Plaza Mayor detrás
La primera fila, con los móviles arriba, cuando salieron Mëstiza. Detrás, la fachada de la Plaza Mayor.

Desde entonces la lista de sitios donde han pinchado se lee como un mapa: París, Londres, Miami, Nueva York, México, Oriente Medio. En 2025 fueron el primer dúo femenino en estrenar residencia en Hï Ibiza: siete viernes seguidos en el Theatre del club, del 2 de mayo al 13 de junio. Y en abril de 2026 representaron a España en Coachella junto a Carolina Durante y Rusowsky, que había pasado por esta misma plaza dos noches antes. Por el camino han remezclado el «Aserejé» de Las Ketchup y han grabado con Chambao («Mis ojos») y con Diana Navarro y Faul & Wad («Campanera»).

Bego Martín, la cabina antes de la cabina

Bego Martín pincha desde 2021 y viene del diseño y la dirección visual, que es una manera poco habitual de llegar a una cabina. Vive en Madrid. Su terreno es el indie dance, el house y el deep house. En cinco años ha compartido cartel con Âme, Mano Le Tough y Chelina Manuhutu —y, según su propia biografía, con Dixon y Maceo Plex—, ha pasado por la Sala Apolo de Barcelona y por festivales como el FIB y Brava —y, según esa misma biografía, por Burning Man—, y este abril firmó una sesión para la serie Spotlight de Electronic Groove.

Bego Martín sonríe con el índice levantado ante un gran panel rojo, con los cascos al cuello
Bego Martín, con el brazo en alto, hacia el final de su sesión.

El Ayuntamiento la presentó como «una de las DJs emergentes más versátiles de la escena actual», con sesiones «marcadas por un gusto musical ecléctico y una cuidada selección sonora».

Bego Martín se recoge el pelo con las dos manos tras la mesa, bajo una luz roja intensa
«Una cuidada selección sonora», decía la nota municipal. En la plaza se vio así.

En la plaza, su hora fue la de la luz roja. Casi no hubo otro color en toda la sesión: rojo, naranja y algún morado, un color que llena el cuadro de arriba abajo y del que salen el pelo, los brazos y, cuando levantaba la vista, la sonrisa.

Bego Martín se ríe tras la mesa, entre humo rojo y un panel de luz cálida a su espalda
Humo, rojo y una sonrisa: el color de su hora en la plaza.

Paco Devotion, el de casa

Paco Devotion abrió a las ocho, y era el único de los tres que jugaba en casa. Diario de Valladolid lo presentó en julio como «el DJ vallisoletano» vinculado «a algunos de los espacios musicales más emblemáticos de la ciudad». Él mismo lo cuenta con más detalle en sus redes: pincha en Valladolid desde 1989, ha sido residente en salas como La Perindola, Campvs o Subterfugio, y hoy lleva la cabina y la gestión de Zero Café, el bar de la calle San Blas donde suenan Depeche Mode, el rock alternativo y la música oscura. El nombre viene de ahí: dirige Devotion, el club de fans de Depeche Mode que se reúne en el bar. Ha tenido sección semanal en la radio, «Del Zero al Infierno», dentro de Directo Valladolid en Radio 4G, con lo que suena en el local: canciones de los setenta, los ochenta, los noventa y de ahora.

Paco Devotion, de gafas de sol y camiseta sin mangas, señala al cielo ante su nombre pintado a pincel
Paco Devotion, con su nombre a pincel en la pantalla.

Y estas fiestas no ha parado: el viernes 4 pinchó en el tardeo de Poniente, el domingo 6 en el de San Benito, y el sábado 12 le toca el Bowie Street Festival. La plaza era la parada grande. Nuestras fotos de él son de los últimos minutos de su sesión, con Bego Martín entrando ya en la cabina.

Bego Martín y Paco Devotion celebran con los brazos en alto ante la pantalla con el nombre a pincel
El relevo: Paco Devotion cierra su sesión con Bego Martín ya en la cabina.

Lo que cambia para quien fotografía

En cada entrada del Diario contamos algo del trabajo, y una noche de DJ lo cambia casi todo. Un DJ es el sujeto más difícil de un escenario: está detrás de una mesa que le tapa medio cuerpo y mira hacia abajo la mitad del tiempo, porque ahí está el trabajo.

Bego Martín mira hacia la mesa con la cara partida entre una luz magenta y otra naranja
La mitad del tiempo, la DJ mira a la mesa. Magenta por un lado, naranja por el otro y la cara justo en la frontera: con dos luces así, el balance de blancos no se deja en automático.

La luz tampoco es para él. En un concierto los cañones buscan la cara del cantante; en una sesión la luz está pensada para la pista y para la pantalla, y quien pincha queda a contraluz o teñido del color que toque. Por eso en una cabina se espera al momento en que la DJ levanta la vista y los brazos, y ese momento, en una sesión de una hora, llega pocas veces.

Bego Martín, con los dos brazos en alto y los índices levantados, sonríe ante un panel naranja
Y el momento: la vista arriba y los brazos también. En una hora de sesión pasa pocas veces.

Los archivos de la noche lo cuentan en números: dos cuerpos de cámara, de 35 a 200 milímetros, y entre ISO 1.000 y 6.400 según la pantalla tuviera blanco o rojo detrás. Con la de Mëstiza, blanca y con columnas de luz, la cámara respira; con el rojo continuo de la sesión de Bego Martín no hay negro que sujete el contraste, y hay que ir a buscarlo después.

Bego Martín levanta la mano tras la mesa en una escena teñida por completo de rojo
Un solo color que lo llena todo. En rojo no hay negro que sujete el contraste.

Y luego está el público, que aquí es la otra mitad de la foto. En una noche de DJ la plaza es la que se mueve, y el trabajo se reparte entre la cabina y la gente que está delante de ella. Desde el escenario, con un 35, la plaza llena hasta la torre de control y más allá.

La Plaza Mayor llena vista desde el escenario, con la torre de control y los edificios iluminados
La plaza desde el escenario durante la sesión de Bego Martín: la torre de control en el centro y la valla llena.

Las fiestas siguen

La Plaza Mayor no para hasta el domingo 13, y todos sus conciertos son gratuitos. Quedan Ronnie Wood e Imelda May este jueves 10, con MAREF antes; Carolina Durante el viernes 11, con Bravo Maldonado; Ana Guerra y Leire Martínez el sábado 12; y El Pérrez con «Pura Verdad Flamenco» el domingo 13.

Si te perdiste las anteriores, aquí están la de Carlos Baute, la del martes bajo la lluvia; la de Rusowsky, del lunes; la de Burning y Obús, del domingo; y la de Judeline y Sandra Promis, del primer sábado.

Fotografías: Samy Haggag y César Mena.

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