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Don Mendo en verso y a media luz: Diabla Teatro en la Sala Borja

Diabla Teatro llevó «La venganza de Don Mendo» a la Sala Borja el sábado 5 de septiembre, dentro de las Ferias y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo. Una astracanada de 1918, apocopada, en verso y a ritmo de comedia.

IFecha
6 de septiembre de 2026
IISección
Eventos
IIIFotografías
25
IVLectura
4 min
Actor arrodillado con capa grita sujetando a una dama de rojo que se desmaya; otra de verde la sostiene

El sábado 5 de septiembre, a las 20:00, la Sala Borja abrió las puertas para una astracanada de 1918. Diabla Teatro representó «La venganza de Don Mendo», de Pedro Muñoz Seca, con dirección y adaptación de Olaya Jiménez. Dos horas después, a diez minutos a pie, la Plaza Mayor arrancaba con otro cartel muy distinto. El mismo sábado, dos ciudades.

Actriz con velo rojo sostiene jarra y cuenco de barro y sonríe a un actor de capa marrón boquiabierto
Jarra, cuenco y un actor boquiabierto: el enredo en verso de Muñoz Seca, por Diabla Teatro en la Sala Borja.

Una caricatura de tragedia, apocopada

Muñoz Seca estrenó «La venganza de Don Mendo» en el Teatro de la Comedia de Madrid el 20 de diciembre de 1918. No la presentó como comedia sin más. La subtituló con una precisión que ya es media obra.

Actor calvo con capa roja de raso habla de cerca a una actriz de velo rojo con las manos entrelazadas
Capa de raso rojo y hombreras de cuero: el drama histórico, tomado en serio para poder reírse de él.
Dos actrices juntas miran alarmadas fuera de cuadro; la de verde sujeta la muñeca de la de rojo con velo
Castillos, honras y venganzas: lo que llega por la izquierda del escenario nunca es bueno.

Caricatura de tragedia en cuatro jornadas, original, escrita en verso, con algún que otro ripio.

Pedro Muñoz Seca, subtítulo original de la obra

Ahí está todo. Es una parodia del drama histórico en verso, con castillos, honras y venganzas, escrita a propósito con casi todos los metros de la poesía castellana y con el ripio como recurso declarado. El chiste no está solo en lo que se dice: está en la rima que lo trae. Por eso se sostiene un siglo después.

Actriz de verde mira de reojo a otra de rojo que sonríe con la cabeza alzada y las manos levantadas
El chiste está en la rima, y la cara de al lado lo remata.
Actor de capa marrón alza una jarrita de barro desde un banco; una actriz de rojo, sentada a sus pies
Un brindis con jarrita de barro: el atrezo también rima.

El texto original va en cuatro jornadas y este montaje, entendemos, lo aligera. No es un capricho. En una obra que vive del ritmo del verso, recortar es una decisión de dirección, no de tijera.

Actriz con vestido rojo medieval y mangas doradas abre los brazos en cruz y declama ante un telón negro
Brazos abiertos y verso en alto: «La venganza de Don Mendo», astracanada de 1918, en la Sala Borja el 5 de septiembre.

Quién es Diabla Teatro

Es una compañía vallisoletana y de teatro aficionado, nacida en 2014, aunque parte de sus miembros venía haciendo teatro desde 1987. Debutó adaptando a Chéjov y desde entonces ha alternado comedia, teatro infantil y suspense.

Actriz de vestido verde mira de reojo a un actor canoso de jubón rojo de terciopelo, desenfocado en primer término
Jubón de terciopelo con gola blanca en primer término; detrás, quien escucha.
Actor de túnica blanca y soga a la cintura retrocede con una mueca ante otro de melena rizada
Una réplica y su reacción: túnica manchada y soga a la cintura contra chaleco y melena.

Conviene decir aficionado sin bajar la voz. Significa que quienes se suben al escenario tienen otro oficio de lunes a viernes, no que el trabajo se haga a medias. Diabla ha salido de Valladolid a otras plazas de Castilla y León, a Madrid y a Bilbao, y este mismo Don Mendo lo han llevado a funciones benéficas fuera de la comunidad.

Actriz de verde sujeta con ambas manos la mano de otra de rojo; las dos miran fuera de plano
Otro oficio de lunes a viernes, y a las ocho de un sábado, esto.
Actor con peluca de rizos se señala los ojos con ambos índices ante un compañero de túnica blanca de espaldas
Gesto de comedia entre dos intérpretes de Diabla Teatro, compañía aficionada de Valladolid.

La Sala Borja

La Sala Borja está en la calle Ruiz Hernández, 10, en pleno casco histórico. Es un espacio cultural de la Compañía de Jesús en Valladolid, con más de cincuenta años de actividad. Durante las fiestas concentra una programación de teatro casi diaria, mayoritariamente de grupos de la ciudad.

Actriz de vestido negro, de perfil con las manos juntas, ante un muro de piedra proyectado con un farol
La escenografía es una proyección: muro de piedra y farol sobre el fondo del escenario.
Actriz de vestido verde declama con los brazos abiertos y las palmas hacia arriba ante un interior de castillo proyectado
Vigas, arcos y piedra proyectados: el castillo cabe en una sala de Ruiz Hernández.

Para quien fotografía, es una sala de las de verdad: butacas, patio a oscuras, aforo pegado al escenario y ningún sitio donde esconderse.

Actriz de rojo sentada en un banco cubierto de tela dorada vuelve la cabeza con una mueca de disgusto
A tres metros del patio de butacas, una mueca se ve entera.
Actor de camisa blanca avanza inclinado, espada baja en la mano, con una actriz de rojo desenfocada al fondo
Espada baja y mirada al frente, con un cortinaje rojo a un lado, en la Sala Borja.

Fotografiar teatro en sala

Un concierto en la Plaza Mayor perdona muchas cosas. El teatro en sala no perdona ninguna. Estas son las reglas con las que se entra.

Actriz de verde, de perfil, alza las dos manos con los dedos en tensión y el rostro contraído de angustia
Sin flash: la luz de la proyección le da en la cara y el negro hace el resto.
Actriz de vestido verde bordado, ante el telón negro, alza las manos crispadas con una mueca de lamento
Cuando la luz solo recorta, se fotografía el recorte: gesto sobre negro.
  • Sin flash. Nunca. No es una recomendación de cortesía: un destello desde el patio de butacas deslumbra a un actor que está midiendo una entrada en verso. Se trabaja con la luz que hay, que es la luz que ha diseñado otra persona para que se vea la obra, no para que se vea la foto.
  • El ruido del disparador es parte del encuadre. En una sala en silencio, la ráfaga se oye en la fila quince. Se dispara con obturador electrónico o con amortiguación, y se dispara poco: en los aplausos, en la música, en los mutis. Nunca encima de una réplica.
  • No te puedes mover. Una vez empieza la función, la posición que tienes es la que tendrás una hora larga. Eso obliga a elegir el sitio antes, no durante, y a llevar dos cuerpos con ópticas distintas en vez de cambiar de objetivo a oscuras.
  • La luz de escena no es luz continua estable. Cambia de intensidad, de temperatura y de dirección entre escena y escena, y a veces dentro de la misma. Se expone para la cara iluminada y se acepta que el resto caiga a negro, porque así está diseñado.
  • El verso manda el ritmo. En una obra en verso los gestos van con la métrica. Si escuchas el texto, sabes dónde cae el remate y puedes estar listo medio segundo antes. Fotografiar teatro es, sobre todo, escuchar.
  • Cada momento ocurre una sola vez. No hay repetición, no hay «una más». Si el gesto bueno cae mientras miras la pantalla, se ha ido.
Dos actrices, una de verde y otra de rojo con velo, miran fijas a la izquierda con gesto de alarma
El verso manda: las dos miran a la misma sílaba.
Actriz de verde con las manos juntas ante el pecho y el ceño fruncido, sobre un interior de castillo proyectado
Cada momento ocurre una sola vez: este duró lo que tarda en cambiar un gesto.

Y una decisión previa que no es técnica: se llega antes. Se habla con la compañía y con la sala, se pregunta dónde se puede estar y dónde no, y se acuerda si se entra en el ensayo general. Media hora de conversación evita toda la noche de estorbar.

Actor de capa marrón, sentado sobre un cofre, baja la vista hacia una actriz de rojo sentada en el suelo
Se habla antes con la compañía: saber dónde va a sentarse cada uno vale más que un objetivo.
Actriz de rojo con velo de tul, sentada en el suelo junto a una jarra, abre los ojos desorbitada
Un sobresalto en escena, cazado con la luz de la propia función, en «La venganza de Don Mendo».

Lo que queda

Un montaje de teatro aficionado en fiestas no suele dejar rastro. Se representa una noche, se aplaude y se desmonta. La única memoria que queda es la que alguien se molestó en fijar.

Actriz de verde con las manos entrelazadas y la mirada baja, ante muros de piedra y una lámpara proyectados
Se representa una noche, se aplaude y se desmonta; esto se queda.
Actriz de vestido verde bordado, con las manos juntas y la boca fruncida de pena, ante arcos de piedra proyectados
Un gesto de pena sobre una escalinata de castillo que solo existe en la proyección.

Esa es buena parte de por qué estábamos allí. La otra es más simple: en un programa de diez días con conciertos, drones y fuegos, una sala pequeña con una obra de hace más de un siglo en verso también es la fiesta.

Actriz de verde, inmóvil y con las manos entrelazadas, mira hacia un taburete vacío contra el telón negro
También es la fiesta: una sala pequeña, un taburete vacío y un verso de hace un siglo.
Actriz con vestido verde bordado aprieta las manos con gesto de llanto ante muros de castillo proyectados
Un gesto de aflicción que se representó una noche y queda en la fotografía.

Si te interesa cómo cubrimos el resto del programa, la entrada anterior es Judeline y Sandra Promis en la Plaza Mayor: el primer sábado de fiestas, del mismo sábado, unas horas más tarde.

Fotografías: César Mena y Samy Haggag.

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