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Carolina Durante en la Plaza Mayor: gratis en Valladolid, ocho días antes de arrancar su gira española de grandes recintos

Carolina Durante cerró la semana grande de las fiestas de Valladolid con un concierto gratuito en la Plaza Mayor, ocho días antes de abrir en Sevilla el tramo español de su gira de grandes recintos. Antes tocaron los vallisoletanos Bravo Maldonado, sobre el decorado del cabeza de cartel. Quiénes son, qué se vio esa noche y 36 fotografías hechas desde el foso.

IFecha
12 de septiembre de 2026
IISección
Eventos
IIIFotografías
36
IVLectura
8 min
Primer plano de Diego Ibáñez cantando con el micrófono inclinado hacia arriba, con gafas de sol y el auricular in-ear puesto

El viernes 11 de septiembre la Plaza Mayor de Valladolid cerró la semana grande con el plato fuerte del cartel nacional: Carolina Durante, anunciados a las 23:00, y antes, a las 22:00, los vallisoletanos Bravo Maldonado. Gratis, como todo lo que pasa en esa plaza durante las fiestas. Y con un detalle que conviene no pasar por alto: a Carolina Durante le quedaban ocho días para abrir en Sevilla el tramo español de «Fin de la aventura», la gira de grandes recintos con la que cierran etapa.

Quiénes son Carolina Durante

Se formaron en Madrid en 2017 y siguen siendo los mismos cuatro: Diego Ibáñez a la voz, Mario del Valle a la guitarra, Martín Vallhonrat al bajo y Juan Pedrayes a la batería. El nombre no es un personaje inventado: Carolina Durante es una persona real, un amor de verano adolescente de Mario del Valle.

Empezaron en Sonido Muchacho con el EP Necromántico, tres canciones publicadas en diciembre de 2017. Después llegaron Examiga (2018) y Del horno a la boca (2020), y entre medias los tres álbumes: Carolina Durante (2019), Cuatro chavales (enero de 2022) y Elige tu propia aventura (2024).

Lo que los sacó del circuito de salas fue «Cayetano», que en los premios MIN de 2019 les valió el de mejor artista emergente y el de canción del año. Unos meses antes, en noviembre de 2018, habían publicado con Amaia «Perdona (ahora sí que sí)», que firma Marcelo Criminal. Después han pasado por el estudio con J de Los Planetas y con los argentinos Él Mató a un Policía Motorizado. Su propia biografía oficial se atreve con la frase entera: «el grupo más importante de su generación».

No era una parada más

La gira se llama «Fin de la aventura» y es exactamente lo que dice: el cierre de la etapa de Elige tu propia aventura. Pasó por Latinoamérica en marzo —Buenos Aires, Bogotá y Ciudad de México— y el tramo español arranca en Sevilla el 19 de septiembre, antes de meterse en los pabellones: el Roig Arena de Valencia el 26 de noviembre, el Palau Sant Jordi de Barcelona el 28, el Coliseum de A Coruña el 12 de diciembre, el Bizkaia Arena de Bilbao el 26, y el final el 8 de enero de 2027 en el Movistar Arena de Madrid. En medio de todo eso, una plaza de Valladolid, sin entrada y a las once de la noche.

Antes, Bravo Maldonado

A las diez salió Bravo Maldonado, la parte local del cartel. Nacieron en Valladolid en 2022 sobre las cenizas de un proyecto anterior, hacen indie-rock y su primer EP, Las canciones que nos han salvado, son cinco canciones grabadas en los estudios NeoMusic Box de Aranda de Duero con producción de Fermín Bouza. De ahí salieron singles como «Inmortales», «Nunca es tarde» o «Vallisoletana», que es justo lo que parece. Han tocado en Sonorama Ribera y en el Summer End, y el Ayuntamiento los programó este año dentro del talento vallisoletano del cartel.

Salieron a las diez en punto, y salieron sobre el decorado del cabeza de cartel: los mismos paneles amarillos, la misma estructura metálica, el mismo mobiliario de oficina. Lo único que cambiaba era la pantalla del fondo, que durante media hora puso su nombre en letras de dos metros. A un grupo local no suele pasarle eso.

El cantante de Bravo Maldonado, de camisa roja, gorra y gafas redondas, toca la guitarra bajo su nombre escrito en la pantalla del escenario
Las diez y un minuto. Bravo Maldonado tocó sobre el decorado del cabeza de cartel, con su propio nombre en la pantalla del fondo.
El cantante de Bravo Maldonado se ríe mientras toca la guitarra, con los paneles amarillos y rojos del decorado detrás
Un segundo después de la anterior. A 79 mm y f/4 desde el foso, con el humo entrando por la izquierda.
El cantante de Bravo Maldonado canta al micrófono de perfil, recortado contra una pared de humo iluminada de rojo
A 171 mm, la focal más larga de su pase. El humo a contraluz se traga el decorado entero y deja solo la silueta.
El cantante de Bravo Maldonado levanta los dos brazos ante el micrófono con la guitarra colgada y su nombre en la pantalla
Vertical a 76 mm. Detrás, el bombo de la batería y un amplificador con una estrella pintada.

Son cinco. El cantante lleva camisa roja de rayas, gorra y gafas redondas, y toca una Telecaster roja de golpeador blanco casi todo el pase. El bajo es amarillo. La segunda guitarra va forrada de pegatinas. Y detrás, una batería TAMA con platos Zildjian.

El bajista de Bravo Maldonado, de camiseta blanca, toca un bajo amarillo con la cabeza echada hacia atrás
El bajo amarillo, que es media firma visual del grupo. A 70 mm e ISO 6400: la luz ya había bajado de golpe.
El bajista de Bravo Maldonado toca mirando al mástil, con el nombre del grupo en la pantalla detrás
A 81 mm, con el nombre del grupo ocupando la pantalla. En el suelo del decorado se ven ya los trastos que usa el cabeza de cartel.

Y a mitad de su pase pasó lo más interesante de la noche desde el punto de vista de la cámara. A las 22:14 el escenario se llenó de humo iluminado a contraluz, y el fotómetro se lo tragó: bajó a ISO 64, y un minuto después a ISO 50, que es el suelo de estas cámaras. A las diez de la noche. Lo que sale de ahí no son fotos fallidas: son siluetas, que es exactamente lo que había que ver.

El batería de Bravo Maldonado, entre platos y con humo rojo detrás, mira al frente tras una batería TAMA
Aquí pasa algo raro y merece explicarse: ISO 64. El humo a contraluz llena el encuadre de luz, el fotómetro lo lee como escena clara y baja la sensibilidad al suelo.
El cantante de Bravo Maldonado canta al micrófono con una Telecaster roja, iluminado de naranja
La Telecaster roja de golpeador blanco, la guitarra de casi todo el pase. A 150 mm y f/2.8.
Silueta a contraluz del bajista de Bravo Maldonado entre el humo, con el bajo recortado por una luz lateral
ISO 50, el valor más bajo de las dos noches. Con el humo haciendo de pantalla, la exposición se va al suelo y lo que queda es la silueta. No es un fallo: es la foto.
Primer plano del cantante de Bravo Maldonado cantando con la gorra del revés y una Telecaster Fender entre las manos
A 150 mm y f/2.8, con el humo cruzando el plano. En el clavijero se lee la marca de la guitarra.
El cantante de Bravo Maldonado junta las manos por encima de la cabeza ante el micrófono, con el nombre del grupo detrás
Las palmas por encima de la cabeza, con «Maldonado» ocupando la pantalla. A 75 mm, ya con la cámara del 35-150.

Quince minutos más tarde, la misma cámara iba a ISO 25600. De 50 a 25600 hay nueve pasos de diferencia, y caben los dos dentro del mismo pase de media hora. Es el ejemplo más limpio que tenemos de por qué un concierto no se puede disparar con un ajuste fijo.

El bajista de Bravo Maldonado toca su bajo amarillo junto a un monitor de ordenador antiguo colocado sobre el escenario
A la derecha, un monitor de tubo y una torre de ordenador: parte del decorado que Carolina Durante estrenaría una hora después. ISO 12800.
El cantante de Bravo Maldonado canta con micrófono de mano y sin guitarra; detrás, otro guitarrista con una eléctrica llena de pegatinas
Suelta la guitarra y se queda con el micrófono de mano. Detrás, la segunda guitarra del grupo, forrada de pegatinas.
El cantante de Bravo Maldonado canta con el brazo extendido hacia arriba y los ojos cerrados, con su nombre en la pantalla
Tres segundos después. ISO 16000 a las diez y veinticinco: la misma cámara que hace diez minutos iba a ISO 50.
El cantante de Bravo Maldonado, en cuclillas al borde del escenario, canta al micrófono bajo una luz naranja
En cuclillas al filo del escenario, a 51 mm. Desde el foso se dispara así de cerca y así de abajo.
El cantante de Bravo Maldonado canta con el brazo levantado y la Telecaster roja, bajo una luz azul
Último tramo, ya en azul. ISO 25600, el techo de las dos noches, y la luz sigue sin llegar.
El cantante de Bravo Maldonado toca la Telecaster roja entre el humo, con el mobiliario del decorado detrás
Doce segundos después e ISO 8000: bastó que volviera el humo iluminado para bajar mil seiscientos puntos de sensibilidad.

Carolina Durante, a las once

Nuestro primer fotograma de Carolina Durante está fechado a las 23:07:33. El escenario llegaba montado con su propio decorado, que no es el telón de fondo habitual de la Plaza Mayor: paneles amarillos, estructura metálica vista, tubos fluorescentes y unas ventanillas redondas que dejan la escena a medio camino entre una terminal de aeropuerto y un salón de casa. Con una gira que se llama «Fin de la aventura», el decorado no es casualidad.

Diego Ibáñez, con gafas de sol oscuras, levanta el micrófono del pie y canta con la boca abierta sobre un fondo negro
Once y doce de la noche, uno de los primeros planos del pase. A 175 mm y f/4, con el escenario todavía casi a oscuras.

Diego Ibáñez salió con gafas de sol de noche y no se las quitó. Canta doblado sobre el micrófono, se agarra al pie con las dos manos, se agacha, se asoma al filo del escenario. De las diecinueve fotografías de esta entrada, catorce son suyas: no porque las otras tres cuartas partes de la banda hagan menos, sino porque él ocupa el metro cuadrado por el que pasa toda la luz.

Diego Ibáñez canta agarrando el micrófono con las dos manos, recortado contra los paneles amarillos del decorado
El amarillo del decorado hace de fondo durante buena parte del concierto. A 128 mm desde abajo; por la esquina inferior asoma un plato de la batería.

Hubo un tramo tranquilo, hacia las 23:19, en el que la iluminación bajó tanto que la cámara se fue a ISO 640 —el valor más bajo de toda la noche— y el humo a contraluz convirtió el fondo en una pared blanca. Dos fotogramas seguidos, con un segundo de diferencia, y los dos valen.

Diego Ibáñez canta con las dos manos ahuecadas alrededor del micrófono, muy cerca de la boca, entre humo y penumbra
El tramo tranquilo del concierto: la luz baja tanto que el fotómetro se va a ISO 640, el valor más bajo de toda la noche.
Diego Ibáñez canta con el micrófono entre las manos mientras el humo a contraluz le blanquea la mitad izquierda del encuadre
Un segundo después de la anterior, con el mismo 200 mm. El humo a contraluz convierte el fondo en una pared blanca.

Detrás de él, la banda. Mario del Valle, de camisa clara y con una eléctrica sunburst de cuerpo tipo Firebird, es el que sostiene el sonido y el que pone los coros. Juan Pedrayes queda casi siempre tapado tras los platos. Y Martín Vallhonrat, al bajo, salió a tocar a la Plaza Mayor con un bajo verde de mástil de arce y una camiseta rosa del Real Valladolid. En Valladolid, eso no es un detalle de vestuario: es una declaración, y la plaza la leyó perfectamente.

Diego Ibáñez, de tres cuartos, canta inclinando el pie de micro; detrás, desenfocado, el batería tras sus platos
Vertical a 112 mm. La camiseta, escrita a mano de arriba abajo, se lee entera; detrás queda el batería.
El bajista toca un bajo eléctrico verde con el pelo tapándole la cara, vestido con una camiseta rosa y blanca de fútbol
El bajista, con un bajo verde de mástil de arce y una camiseta rosa del Real Valladolid. En una plaza de Valladolid, el detalle no pasó desapercibido.
Diego Ibáñez, doblado hacia delante, agarra con los dos brazos en alto el micrófono sujeto al pie
A 175 mm y f/4, con la velocidad ya en 1/500 para congelar el movimiento: a partir de aquí el concierto no para quieto.

El decorado se encendió de naranja hacia las 23:24 y ahí se vio entero: las ventanillas, los paneles, la estructura. Y una lámpara de pie de salón, con su pantalla, plantada en medio del escenario. Es un chiste visual bueno, y además da un problema fotográfico de los que se agradecen.

Diego Ibáñez, en cuclillas y sonriendo, sujeta el micrófono ante un decorado iluminado de naranja con ventanillas redondas
El decorado, en naranja: paneles, estructura metálica y ventanillas redondas, a medio camino entre una terminal de aeropuerto y un salón. Detrás, el guitarrista.
El guitarrista, con camisa clara, toca una eléctrica sunburst tipo Firebird bajo una luz azul y amarilla
Primer plano del guitarrista con la Firebird sunburst. Aquí entra la segunda cámara, la del 35-150 a f/2.8, y la luz cambia por completo.
Diego Ibáñez, doblado sobre sí mismo al borde del escenario, canta con el micrófono cogido con las dos manos
Al filo del escenario, con la cuña del monitor cortando el plano por abajo. A 150 mm y f/2.8.

Porque una lámpara encendida dentro del encuadre se lo come todo. En la foto del bajista junto a la lámpara, el diafragma se cerró hasta f/11, el más cerrado de las diecinueve; tres segundos antes, con un fluorescente del decorado en el plano, se había quedado en f/5.6. Entre medias, el resto del concierto se disparó a f/2.8 y f/4. Eso son cuatro pasos de diferencia dentro del mismo minuto.

El guitarrista canta a un micrófono mientras toca la Firebird, con un tubo fluorescente encendido sobre él
Los coros del guitarrista, bajo el fluorescente del decorado. A 91 mm y f/5.6: con esa luz directa en el encuadre, el diafragma se cerró solo.
El bajista toca junto a una lámpara de pie encendida, con la camiseta rosa del Real Valladolid bien visible
Tres segundos después, con una lámpara de pie de salón dentro del plano. El fotómetro se fue a f/11: es el diafragma más cerrado de las diecinueve.

El remate llegó a las 23:34:56. Tres fotogramas consecutivos, dos segundos de reloj, y tres diafragmas distintos: f/3.2, f/4.5 y f/3.5. En el de en medio el fondo entero se ha ido a blanco porque los focos frontales dispararon a la vez. No es un fallo: es lo que hace un concierto que cambia de luz cada compás, y lo enseñamos porque es exactamente el problema que hay que resolver en directo.

Diego Ibáñez canta al micrófono de mano con los paneles amarillos y los tubos de luz del decorado detrás
Vuelta al amarillo y a los tubos encendidos. A 150 mm y f/3.2, ISO 3200.
Diego Ibáñez, inclinado hacia delante, canta con las dos manos agarradas al micrófono entre humo gris
A 150 mm y f/2.8. El humo se come el fondo y deja la figura sola en el encuadre.
Diego Ibáñez canta con las dos manos en el micrófono; detrás, un tubo de luz encendido rompe el fondo oscuro
Primera de tres tomas seguidas. ISO 5000 y f/3.2, con el tubo de luz entrando por la derecha.
Diego Ibáñez canta con el micrófono entre las manos, recortado sobre un fondo completamente blanco por los focos
El mismo segundo que la anterior, y el fondo entero se ha ido a blanco: los focos frontales dispararon a la vez. El diafragma pasó de f/3.2 a f/4.5 sin que nadie lo tocara.
Diego Ibáñez canta con el micrófono entre las manos junto a un tubo de luz vertical encendido
Un segundo después, f/3.5. Tres fotogramas, dos segundos y tres diafragmas distintos: así de rápido cambiaba la luz.

Nuestro último fotograma de la noche es de las 23:39:54.

El guitarrista mira al mástil de su Firebird sunburst mientras toca, con un amplificador Orange en primer término
Último tramo. A 92 mm y 1/2500, la velocidad más alta de la noche. Abajo, la pantalla del Orange.

Cómo se hicieron estas fotos

Esta vez sí. Dos noches antes, en el concierto de Ronnie Wood, no teníamos acreditación y lo cubrimos desde el público: lo contamos entero en su entrada. El viernes estuvimos acreditados y dentro del foso, y la diferencia se ve sin que haya que explicarla. En las fotos del jueves hay cabezas, brazos y móviles entre la cámara y el escenario. En estas no hay nada: se dispara a tres o cuatro metros, por debajo del artista, y por eso en varios planos entra la cuña del monitor cortando por abajo.

Lo que el foso da en distancia lo suele quitar en tiempo, y aquí se nota. Nuestro primer fotograma de Carolina Durante es de las 23:07:33 y el último de las 23:39:54: treinta y dos minutos. La noche anterior, desde el público y sin que nadie marcara el reloj, la carpeta de MAREF cubre una hora y cincuenta.

Dos cuerpos y dos ópticas, y un detalle que salta nada más ordenar los EXIF: no coinciden ni un segundo. El 70-200 mm f/4 en una Sony A7 III trabaja de 23:07:33 a 23:24:48. El 35-150 mm f/2-2.8 en una A7 IV arranca a las 23:26:20 y llega hasta el final. No es una cobertura a dos cámaras a la vez, como las noches anteriores: es un relevo. Las cifras de la noche:

  • 807 fotogramas de Carolina Durante, de las 23:07:33 a las 23:39:54: treinta y dos minutos.
  • 516 con el 70-200 en la A7 III y 291 con el 35-150 en la A7 IV.
  • De ISO 400 a ISO 25600: seis pasos dentro del mismo concierto.
  • De 35 a 200 mm.
  • 19 fotografías en esta entrada.

Las fiestas se acaban

Quedan dos días de Plaza Mayor, los dos gratuitos: el sábado 12, Ana Guerra y Leire Martínez; y el domingo 13, El Pérrez a las 19:30 y, a las 21:00, «Pura Verdad Flamenco», con Kiki Morente, Lin Cortés, Enrique Heredia «Negri», Sandra Carrasco y Belén López, que cierra las fiestas.

Si te perdiste las anteriores, aquí están la de MAREF, la telonera del jueves; la de Ronnie Wood e Imelda May; la de Paco Devotion, Bego Martín y Mëstiza; la de Carlos Baute, bajo la lluvia; la de Rusowsky; la de Burning y Obús; y la de Judeline y Sandra Promis, del primer sábado.

Fotografías: Samy Haggag y César Mena.

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